Durante la pasada edición, Oviedo acogió una vez más a las personalidades más relevantes del mundo de la cultura en sus diversas manifestaciones. Arthur Miller, Woody Allen, Hans Magnus Enzensberger, Anthony Giddens, los Padres de Internet, el Comité Científico para la Investigación en la Antártida o una representación del mejor fútbol de Brasil forman parte hoy del que ya es conocido como "cuadro de honor de la humanidad". Son los Premios Príncipe de Asturias 2002 que el pasado 25 de octubre protagonizaron en el teatro Campoamor la que fue calificada por los medios de comunicación como "la edición más brillante de la historia de los Premios".
A ello contribuyeron en gran medida las palabras pronunciadas por S.A.R don Felipe de Borbón y los discursos de los galardonados, que pusieron voz a una ceremonia para la esperanza. Así clausuraba el acto el Príncipe de Asturias: "Si en cualquier lugar del mundo, si desde algún pueblo perdido en las montañas de un remoto país, un solo niño, una sola niña ve esta ceremonia y siente el deseo de llegar a ser algún día tan generoso, tan brillante, tan sabio como los que nos honran al recibir nuestros galardones, nuestro esfuerzo y nuestra dedicación se habrán llenado de significado. Podremos entonces afirmar que esta ha sido, sin duda, una hermosa tarde, una tarde llena de esperanza".
La ceremonia dio comienzo con las palabras del presidente de la Fundación, José Ramón Álvarez Rendueles, y a continuación se procedió a la lectura de las actas que antecede a la concesión de los galardones por S.A.R el Príncipe de Asturias.
Arthur Miller, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, fue el primero de los galardonados en dirigirse al auditorio. Su discurso, forjado a partir de los recuerdos de la Guerra Civil y las vivencias compartidas con su mujer Inge Morath, arrancó y concluyó en español. "La concesión de este gran premio a mi obra, me trae a la memoria mis lazos con España y su cultura (...) Desde mi juventud, España ha ejercido sobre mi conciencia efectos especialmente importantes e incluso dramáticos".
Una intervención sincera en su reconocimiento y afecto hacia España, que cautivó al auditorio. "La palabra España en los años treinta era explosiva, el emblema esencial no sólo de la resistencia contra un retroceso obligado a un feudalismo eclesiástico mundial, sino también contra el dominio de la sinrazón y la muerte de la mente (...) Con el paso del tiempo, España pasaría a ser ejemplo de las luchas de muchos otros pueblos por alcanzar la modernidad, dejando atrás el oscurantismo y la inutilidad de contumaces instituciones feudales".
Tras el cálido aplauso con que fueron recibidas las palabras de Miller, Edward Said, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, pronunció un emotivo discurso en el que reclamó una oportunidad para la paz y denunció que el fanatismo y el fundamentalismo se desarrollan sobre la base de la insensatez. "Siempre necesitamos el apoyo moral, necesitamos la imaginación del mundo, necesitamos demostrar a aquellos que crean que Palestina/Israel es la tierra de un solo pueblo, que es una tierra de dos pueblos que no pueden ni exterminarse ni expulsarse los unos a los otros sino que, de alguna manera, tienen que acercarse como iguales, con derechos iguales de vivir en paz y seguridad, juntos".
Tras su alocución Daniel Barenboim, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, recogió el testigo. "La vida de Edward Said y la mía representan el drama que nuestros pueblos han vivido en el último siglo. Nuestra amistad y la labor que desarrollamos de consuno representan también la esperanza, porque es en ese territorio en el que hemos decidido vivir dos nómadas como nosotros", señaló.
Woody Allen, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, que cerró las intervenciones de los galardonados, improvisó un discurso en el que no faltó espacio para la sonrisa. "No merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco la merezco". Tras la pincelada humorística, el cineasta neoyorquino ensalzó el cine europeo, de autor, frente al realizado actualmente en su país: "El interés en Estados Unidos se centra en la producción, en el interés económico. Se gastan más dinero en publicidad en una película que todo el dinero que Buñuel se gastó en toda su vida". Allen reivindicó las figuras de Fellini, Bergman, Buñuel, Truffaut o Kurosawa, "porque me descubrieron el cine como obra de arte". Y arrrancó del público un aplauso al proclamar que "los norteamericanos miramos a los cineastas europeos para buscar líderes".
S.A.R. don Felipe de Borbón clausuró el acto con un discurso, que ya es considerado como su discurso más importante del año. El Príncipe de Asturias difundió un mensaje de esperanza, de apuesta decidida por la libertad, la cultura y el compromiso con los que sufren. "Anhelamos que nuestros Premios sean la voz de quienes tantas veces no la tienen, la voz de los abandonados, la de los que sufren injusticia, la de los que defienden la libertad y son perseguidos por defenderla. Su lucha, que nunca dejará de ser nuestra lucha, fortalece nuestra fe en que es posible un mundo más justo y fraternal, libre del terror y de los fanatismos. No queremos renunciar a la esperanza, a seguir creyendo, como dice el precioso verso del inolvidable Borges, que cada aurora maquina maravillas".
Don Felipe de Borbón destacó la extraordinaria relevancia del conjunto de los galardonados que, según sus palabras, "expresa con nitidez la vocación más profunda de nuestros Premios de ser conciencia viva de nuestro tiempo, estímulo de creatividad y aliento de los más altos valores". Tras su elogio a los premiados, el Príncipe de Asturias alentó con sus palabras a superar los problemas y desafíos a los que se enfrenta la humanidad. "Las puertas de la esperanza siguen abiertas, porque la historia nos enseña que todas las tragedias y fracasos, todas las dificultades, por extraordinarias que sean, no han impedido que la humanidad siga avanzando hacia un mundo mejor. Un mundo nuevo que inevitablemente tendrá que ser regido por una ética global que, respetando la diversidad de culturas, una a todos los pueblos en torno a valores universalmente compartidos que permitan una convivencia en paz y libertad".