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| Emotiva ceremonia de homenaje a grandes personalidades del siglo XX, organizada por la Fundación Príncipe de Asturias |
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La Fundación Príncipe de Asturias rindió homenaje a algunas de las personalidades más destacadas del siglo XX, en un acto celebrado en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo el jueves 24 de noviembre.
La Fundación Príncipe de Asturias rindió homenaje a algunas de las personalidades más destacadas del siglo XX, en un acto celebrado en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo el jueves 24 de noviembre. Bajo la denominación de "Memoria de los Grandes" se reunieron Arun Gandhi, nieto de M. K. Gandhi y presidente del Instituto Gandhi para la No Violencia; Duncan Sandys, bisnieto de Winston Churchill y concejal del Ayuntamiento de Westminster; Jane Chaplin, hija de Charles Chaplin; John Stravinsky, nieto de Igor Stravinsky; Isabel de Falla, sobrina y ahijada de Manuel de Falla y presidenta de la Fundación Manuel de Falla; Privato Roncalli y Marco Roncalli, sobrino y sobrino nieto, de Juan XXIII; Bernardo Reyes, sobrino-nieto de Pablo Neruda y escritor; Catherine Camus, hija de Albert Camus; Gloria Owens Hemphill, hija de Jesse Owens y vicepresidenta de la Fundación Jesse Owens; Tatiana Yankelevich, hijastra de Andrei Sajarov y directora del Programa Sajarov para los Derechos Humanos de la Universidad de Harvard; Paloma Varela Ortega, nieta de José Ortega y Gasset y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid; Alejandro Fernández de Araoz Marañón, Dolores Fernández de Araoz Marañón y Tom Burns Marañón, nietos de Gregorio Marañón; Jean-Marc Lieberherr, nieto de Jean Monnet y Laura García Lorca, sobrina de Federico García Lorca.
Con este acto, la Fundación Príncipe de Asturias quiso rendir tributo a personas excepcionales en presencia de sus familiares, unos descendientes que no sólo comparten el lazo de parentesco con sus reconocidos antecesores, sino que también han continuado su labor humanitaria, social, cultural, científica o política. Enmarcada en las celebraciones del XXV Aniversario de la Fundación Príncipe de Asturias, se reconoció el legado de estas personalidades, que han dejado una imborrable huella en el conocimiento y el progreso humanos.
"Para que ni los sucesos de los hombres con el tiempo lleguen a extinguirse, ni las obras grandes y admirables queden no celebradas". Con esta cita empezó Graciano García, director de la Fundación Príncipe de Asturias, su discurso de apertura de la ceremonia. Unas palabras de un sabio de la Antigua Grecia para ilustrar la inspiración de la obra de la Fundación Príncipe de Asturias. "Hacemos honor a esas convicciones al recordar, agradecidos, a personalidades inolvidables del pasado siglo cuya obra y ejemplo son imperecederos", continuó Graciano García, antes de definir este acto como "una victoria contra la ingratitud y la muerte." Tatiana Yankelevich, hijastra de Andrei Sajarov, tomó el relevo para leer un mensaje de su madre, Elena Bonner, que no pudo desplazarse a Oviedo a causa de su avanzada edad. La viuda de Sajarov, que se ha distinguido por la continuación y la difusión de las ideas del físico ruso, expresó su pesimismo ante la posibilidad de que el siglo XXI sea aún más cruel y sangriento que el anterior. No obstante, señaló el camino para combatir la barbarie: "Sajarov creía que el respeto por los derechos humanos en todos los países es el único fundamento para la democracia, el desarrollo económico y la preservación de la paz". Tatiana Yankelevich interpretó el sentido del acto como un deseo de la Fundación de rendir homenaje a un grupo diverso de personas "porque sus vidas, su obra y sus ideas han enriquecido la vida de toda la humanidad".
El siguiente en tomar la palabra fue Arun Gandhi, que destacó alguna de las grandes enseñanzas recibidas de su abuelo el Mahatma Gandhi. Entre ellas, "que la violencia tiene muchas facetas" y que el consumismo es una doble agresión contra la naturaleza y la humanidad. Asimismo enunció las diferencias entre violencia física y pasiva. "Todos cometemos violencia pasiva constantemente, de forma consciente e inconsciente, eso genera cólera en las víctimas, y en consecuencia, estas recurren a la violencia física para obtener justicia", ahondó. "Mientras haya desigualdades económicas, religiosas, sociales, culturales hay posibilidades de que surjan conflictos serios", afirmó Gandhi, que hizo un llamamiento a las personas de todo el mundo para que "hicieran en sí mismos los cambios que deseaban ver en el mundo". "Sólo esto haría disminuir la violencia y generaría paz", concluyó.
Por su parte, Jane Chaplin relató en castellano un pasaje de juventud para evocar a su padre, Charles Chaplin, el inolvidable Charlot. En una noche de 1974, la joven Jane tuvo una deseada conversación a solas con su entonces octogenario padre. Esa misma tarde la actriz se enfrentaba a un examen de acceso a una escuela de interpretación. El padre le preguntó acerca de su nerviosismo. "Es que yo no soy como tú. No tengo tu serenidad y tu confianza en ti mismo, y tampoco tu elegancia. ¡Además, está claro que yo no soy un genio!", le espetó la joven Chaplin. El actor, con gesto tranquilo y cariñoso le respondió: "Querida hija, un genio es simplemente alguien que trabaja y que se esfuerza mucho". Ante las dudas de Jane, el anciano le contestó aleccionadoramente: "Si no tienes miedo de ser quien eres, o miedo a hacer el ridículo, o miedo a que te rechacen, entonces lo conseguirás".
Entre las intervenciones de los participantes, Laura García Lorca y Bernardo Reyes contribuyeron al desarrollo de la ceremonia recitando piezas de sus antepasados. Laura García Lorca recitó dos poemas escogidos del poemario El Diván del Tamarit del gran poeta granadino. Con emoción, la sobrina leyó dos breves composiciones, Casida de la mano imposible y Casida de la rosa. Dos piezas poéticas de raíz arábiga de gran simplicidad y belleza, típicamente lorquianas. Bernardo Reyes, por su parte, consideró el libro Estravagario de Pablo Neruda como "quizás una de las cimas de su poesía". A esta obra pertenece Pido silencio, el poema escogido por Reyes. Una pieza amorosa de canto a la vida, en la que Pablo Neruda enumera las cosas sin las que no puede vivir como el otoño, el invierno o los ojos de Matilde Urrutia.
A continuación se dio paso a las actuaciones musicales a cargo de la mezzosoprano Guddrum J. Olafsdóttir y Francisco Javier Jáuregui a la guitarra clásica. El conjunto interpretó Siete canciones populares de Manuel de Falla y Canciones antiguas españolas, de Federico García Lorca.
Un vídeo formado por una secuencia de fotos y frases significativas de la vida y obra de cada personalidad, acompañado de la guitarra de Francisco Javier Jáuregui con su interpretación de la cadenza del Segundo Movimiento del Adagio del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, sirvió como último homenaje y despedida.
La ceremonia terminó con el Auditorio puesto en pie, mientras sonaba el himno de Asturias interpretado por la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo.
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