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El Principado de Asturias (III)

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Don Juan de Gante y doña Constanza desistieron del título de reyes, que ya venían utilizando, y convinieron con Juan I en introducir una dignidad soberana, el Principado de Asturias, nueva en el Reino de Castilla pero que ya contaba con ejemplos en el extranjero: en Inglaterra los primogénitos de los reyes se instituían príncipes de Gales, y en Francia, delfines.

Se eligió para las bodas de don Enrique y doña Catalina la ciudad de Palencia, por estar entonces la de Burgos afectada de peste.

Las ceremonias con las que se dio esta primera vez el título de Príncipes de Asturias, en septiembre de 1388, se redujeron a que el rey don Juan pusiera a su hijo don Enrique en un trono magnífico, con un manto de púrpura, sombrero en la cabeza y una vara de oro en la mano, dándole luego un beso de paz en el rostro, y llamándole al mismo tiempo Príncipe de Asturias. Los ritos usados en el solemne acto se formalizaron mucho más en los reinados siguientes.

Con la institución del título de Príncipe de Asturias para el Heredero de la Corona de Castilla, además del trascendente objetivo de terminar con la guerra entre castellanos e ingleses, se clarificaba el status que había de corresponder al sucesor del Rey entre la jerarquía de títulos, grados y jurisdicciones de la nobleza, y se le concedía un ámbito de poder y de rentas suficiente para que estuviera en condiciones de ejercer un gobierno y prepararse para más altas funciones. No cabe ocultar tampoco el deseo que el Rey castellano tenía de eliminar el eterno foco de resistencia que históricamente había tenido base en Asturias. En este sentido, tres años antes de la creación del nuevo título, Juan I ya había ordenado en su testamento la supresión del señorío de Asturias y la incorporación de estas tierras al realengo de Castilla.

 

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